En este año que recién está comenzando, han pasado muchas cosas en el mundo y en mi país. ¿Cúanta necesidad que embarga a mi pueblo y cúanta gente sin empleo y con la sombra del crimen encima? Y muchos, pensando en su pensamiento teológico; afirman que son las señales de los últimos tiempos. Pero, en mi cabeza tengo un mundo diferente, a veces incoherente y a veces razonable, pero es mi opinión habitual.
Los hombres han formado las polémicas más catastróficas que han cambiado el rumbo de la historia misma. Los desastres naturales son solo eso... naturales los da la misma naturaleza en su evolución ante los tiempos. Y nos preocupan actualmente tantos movimientos telúricos, como para pensar que estamos en los tiempos finales según la Biblia. Niños abusados constantemente, mujeres asesinadas por sus propias parejas, en fin una calamidad que parece que no tendría fín.
El 2010 fue el segundo año con más homicidios en la historia del País, con 983 casos. El más violento de todos fue el 1994 con 995. Y lamentablemente esto sigue en aumento, la sociedad ya está sufriendo los embates de un deterioro como consecuencia a una sociedad mentalmente enferma. La solución se le hace imposible al gobierno, a las organizaciones comunitarias y escolares. Es una guerra sin cuartel que muchos no quisieran presenciar, pero la viven en carne propia.
Y yo criando a mis hijas en esta situación tratando de que su vida sea una normal, precavida y llena de limitaciones. Quizás, más de las que tenia yo cuando tenia su edad. Los jóvenes de hoy viven esta especie de libertinaje desmedido, faltandole el respeto a lo que es la autoridad. Pero, me pregunto: ¿Cómo dar un ejemplo de paz, cuando hay tanta gente violenta en la calle? Ese es mi reto diario, brindarle la seguridad de que el mundo se mueve más rápido y frenético y ellas tienen que acoplarse teniendo cautela de lo que hacen y dicen. Los valores son importantes y si son cimentados con la compresión necesaria, se puede lograr que un joven pueda ser feliz aun con las limitaciones deprimentes que le ofrece esta nueva era.
Basta entenderlos, escucharlos y que ellos se sinceren de manera que puedan contar con tu apoyo, eso, sin taparles sus faltas y dejándolos que comentan errores para luego rectificarlos.
El mundo sigue su curso, no parará hasta que el universo decida cuando será nuestro final. Pero de una cosa sí estoy segura, somos los propios seres humanos los que nos estamos auto-destruyéndonos y sin misericordia ni empatía, nos alejamos de nuestro comienzo, de nuestra propia supervivencia. Vale la pena que hoy en dia se traigan hijos al mundo al sufrir de hambre, de odio, de rencor, de racismo, de intolerancia y desigualdad. No creo, yo creo que si todos decidieran dar su brazo a torcer, las cosas caminaria un poco mejor. El cooperativismo es una buena opción de progreso e igualdad.
Pero eso será otro trozo y letra suelta que escribiré más adelante cuando mi mente siga divagando en su propia utopía.

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